¡Madre mía que buena la llegada a Colombia!
Nuestros primeros pasos en estas tierras fueron en Cali, capital mundial de la salsa. Empezamos con mal pie con el timo del taxista que nos devolvió billetitos falsos… hay que tener cuidao con estas cosas. Pero esto se nos pasó enseguida porque vimos que en general la gente en Colombia es muuuuuuuuy amable, todo el mundo sonríe y está de buen humor, y te reciben al entrar en cada comercio con un “a la orden, bien pueda” y se despiden con un “con mucho gusto, que estén muy bien”.
Cali es una de las ciudades más grandes de Colombia, después de Bogotá y Medellín, y se encuentra cerca de la zona del eje cafetero. Colombia, a diferencia de Brasil, además de producir café, tiene una gran cultura cafetera. Pero aquí el café es algo más de casa que de calle, así que un buen expreso no te lo ponen en cualquier parte. De todas formas eso da un poco igual porque la calidad del café es tal que hasta el tinto (café de cafetera eléctrica) está güeníiiiiiiiiiiiiiijimo! ¡Viva el café de Colombia!
En Cali también tuvimos la oportunidad de probar las arepas con quesito, ¡deliciosas!, y el jugo de lulo, una fruta endémica de la zona.
Nuestra segunda parada fue Salento, un pueblito idílico de la zona cafetera. Aquí tuvimos la suerte de caer en el hostal de Josep, un catalán familiar de Ferran Adriá, que nos hacía desayunos de 9 PLATOS!! Todos de alta cocina, INCREÍBLE!! Hay que probarlo para saber de lo que estamos hablando: sopa caliente de mora, manzana al horno con reducción de ron, frutas al vapor, sashimi, milhojas de pepino con queso y dulce de guayaba…etc hasta 9, y encima variando cada día, A pesar de esto lo mejor en este hostal fue el trato recibido por todos: Josep, Mihail, Mauricio y Claudia, muchas gracias por la simpatía, y la confianza que nos disteis!! Mauricio… CHANCHO!! Jijiji
Salento es lugar estratégico para visitar el Valle de Cocora, donde Javilanda alquilaron caballos y pasaron a convertirse en Aragon y Arwen de paseo por el bosque de Elron. Con nuestros bellos corceles atravesamos valles de palmeras de cera de 60m., las más altas del mundo, ríos y montañas, dimos un paseo muy emocionante que mereció la pena a pesar de los escozores de después…
Otro día fuimos a visitar la finca de café de Don Elías, un señor de unos 75 años muy amable, y que transmitía tanto buen rollo que nos salieron flores en la cabeza. Con Don Elías aprendimos como funciona todo el proceso del café desde la recogida de la planta hasta que llega a la taza, vimos el fruto por primera vez, probamos naranjas NO transgénicas de su finca (que buenas!), y descubrimos que el secreto de un buen café está en los pequeños detalles de su elaboración.
Y tras Salento pusimos rumbo a Medellín, famoso por sus bonitas mujeres y por la plaza del centro que está llena de esculturas de Botero. Allí nos quedamos en el barrio pijo, como todos los gringos. Es increíble la diferencia que hay entre esa zona y el centro de la ciudad lleno de indigentes, y con mucha pobreza, una lástima la verdad ver tanta desigualdad. La vida en Colombia se ve maravillosa pero desde luego no en las grandes ciudades, es uno de los motivos por los que preferimos saltarnos Bogotá.
Así que de Medellín pusimos rumbo al CARIBE donde pasaremos nuestras últimas semanas recorriendo la costa para volver a España negros como el carbón. Por el camino hicimos una parada estratégica en el pueblo de Santa Fe de Antioquía para conocer el famoso “puente de occidente”, construido por un nativo del pueblo que también participo en la construcción del puente de Brooklyn de nuevayó, ahí es ná!











